AMELIA—Si notas algo raro, si ese tipo intenta pasarse de listo o si te da un ataque de pánico, me llamas al segundo y voy a recogerte —Olivia me sujetó por los hombros en la entrada de mi departamento, mirándome con una seriedad que rara vez le veía—. No me importa que sea un Kane, te meto al auto y nos largamos.—Estaré bien, Oli. Es solo un contrato —intenté sonreír, aunque el estómago se me revolvía de solo pensar en vivir en el mismo techo que Aaron Kane.—Un contrato con el diablo —masculló ella, acomodándome un mechón de cabello—. Ten mucho cuidado con mi sobrino... bueno, con el bebé. Come bien, no te estreses y por favor, no te olvides de mí, llámame todas las noches.—Te lo prometo, gracias por ayudarme a empacar.La abracé con fuerza, sintiendo que me desprendía de mi única ancla a la realidad. Media hora después, ya estaba en la oficina de Richard en la televisora. Mi jefe me miró por encima de sus anteojos, con una ceja alzada al escuchar mi petición.—¿Días libres, Amel
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