AMELIA
El bullicio de la gala se convirtió en un zumbido lejano en cuanto vi al hombre que caminaba hacia nosotros, tenía el mismo aire de suficiencia que Aaron, pero sus ojos no eran grises y tormentosos; Eran oscuros, astutos, fijos en mí con una intensidad que me puso en alerta de inmediato.
—George —pronunció Aarón. Sentí cómo sus dedos se tensaban sutilmente en mi cintura antes de soltarme.
—Primo —respondió George, extendiendo la mano con una sonrisa que desbordaba carisma—. Vaya sorpresa