AMELIA
—Tienes que medir la intensidad de tus reacciones, Aaron —le advertí en voz baja mientras caminábamos por el sendero lateral de los establos—. Tu abuelo nos está observando cada segundo. Si actúas como si fuera a romperme, va a terminar sospechando.
—Prefiero que sospeche de mi exceso de atención a que te subas a un caballo y tengamos una tragedia, Amelia —respondió él, con la mandíbula apretada y la mirada fija en el sendero—. Quédate aquí, voy a hablar con el caballerango para asegurar