AMELIASalí del edificio de la radio con los nervios destrozados, solo quería llegar a casa y encerrarme, pero el destino tenía otros planos. Antes de alcanzar la banqueta, un auto negro se detuvo frente a mí y tres personas bajaron como si me estuvieran cazando.—¡Amelia! —la voz de Lucas Knox tronó, cargada de una autoridad que ya no tenía sobre mí.Me quedé helada, ahí estaba mi padre escoltado por Ivanna y Chad, Lucas se veía demacrado, con el rostro hundido, pero sus ojos seguían destilando esa arrogancia de hombre que se cree dueño de los demás.—Papá... —susurré, retrocediendo un paso.—No me digas así después de cómo trataste a Ivanna —escupió, cruzándose de brazos—. Viné personalmente a arreglar este desastre que armaste.—Yo no arme ningún desastre, ella vino a amenazarme y yo solo…—Amelia, escúchame bien —dijo Lucas, acercándose hasta quedar a centímetros de mi rostro—. He cuidado de ti toda tu vida. Te alimenté cuando no eras nadie, te di un techo cuando solo eras un esto
Leer más