CAPITULO 28

AARON

El sonido de un motor interrumpió la calma de la tarde. Miré hacia el camino principal y vi el auto de George detenerse frente al porche, bajó acomodándose el saco, con esa sonrisa ensayada que tanto le gustaba usar frente a nuestro abuelo.

Mateo, que estaba sentado en la terraza tomando un té con Amelia y conmigo, dejó la taza sobre la mesa con fuerza, su rostro se endureció de inmediato.

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