AMELIA
Salí del baño cuando los primeros rayos de luz entraron por la ventana. Tenía ojeras marcadas y el estómago revuelto, pero me obligué a ponerme un vestido ligero y a maquillarme para ocultar el rastro de la mala noche. Aaron ya estaba despierto, completamente vestido, esperándome junto a la puerta de la suite.
— ¿Vas a poder con esto? —preguntó en voz baja, examinando mi rostro con una fijeza que me incomodó.
—No tengo otra opción —respondí, pasando a su lado—. Vamos a terminar con este