AMELIA
—Si notas algo raro, si ese tipo intenta pasarse de listo o si te da un ataque de pánico, me llamas al segundo y voy a recogerte —Olivia me sujetó por los hombros en la entrada de mi departamento, mirándome con una seriedad que rara vez le veía—. No me importa que sea un Kane, te meto al auto y nos largamos.
—Estaré bien, Oli. Es solo un contrato —intenté sonreír, aunque el estómago se me revolvía de solo pensar en vivir en el mismo techo que Aaron Kane.
—Un contrato con el diablo —mascu