Mundo ficciónIniciar sesiónAMELIA
El flash de las cámaras me cegó en cuanto se abrió la puerta de la limusina. Sentí la mano de Aaron firme en mi cintura, un gesto que para el mundo era posesivo y romántico, pero que para mí era un recordatorio del contrato que acabábamos de sellar. Bajé del auto con la barbilla en alto, luciendo un vestido de seda azul profundo que fluía sobre mi cuerpo con una elegancia fría, sin delatar absolutamente nada d







