AMELIA
Salí del edificio de la radio con los nervios destrozados, solo quería llegar a casa y encerrarme, pero el destino tenía otros planos. Antes de alcanzar la banqueta, un auto negro se detuvo frente a mí y tres personas bajaron como si me estuvieran cazando.
—¡Amelia! —la voz de Lucas Knox tronó, cargada de una autoridad que ya no tenía sobre mí.
Me quedé helada, ahí estaba mi padre escoltado por Ivanna y Chad, Lucas se veía demacrado, con el rostro hundido, pero sus ojos seguían destiland