AMELIA
Apenas cerré la puerta del camerino y eché el seguro, sentí que las paredes se me venían encima. Me giré hacia él con los puños apretados, hirviendo de una rabia que me nacía desde las entrañas.
—¿Quién te cree que eres? —le grité, golpeando la mesa de maquillaje. Los labiales y las brochas saltaron por el impacto—. ¿Cómo te atreves a decir que soy tu prometida frente a todos los presentes?
Aaron se quedó parado en medio del pequeño espacio, metiendo las manos en los bolsillos de su pant