CAPITULO 18

AARÓN

El silencio en mi oficina se prolongó. Miré a Amelia; se mantenía firme, con la barbilla en alto y esa mano protectora sobre su vientre que ahora cobraba un significado totalmente distinto. Un hijo, un heredero que no era mío, pero que llegaba en el momento exacto para salvar mi cabeza de la guillotina de mi abuelo, el hijo cambiaba algunas cosas, pero no era impedimento para tenerla a ella.

—Un hijo —rep

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