83. La línea que cambia todo.
La mañana llega con una claridad distinta, más limpia, como si el cuerpo hubiera decidido alinearse con lo que pasó la noche anterior, y abro los ojos con una sensación de calma que no reconocía desde hace tiempo, manteniéndome quieta unos segundos mientras registro el espacio, la luz entrando por la ventana, el silencio contenido de la casa que aún guarda restos de lo que fue y de lo que está a punto de dejar de ser.Siento el peso leve del brazo de Adrián sobre mi cintura, firme pero relajado, como si su presencia se hubiera acomodado de forma natural en ese lugar, y al girar apenas la cabeza lo veo dormido, con el rostro sereno, lejos de la tensión constante que suele acompañarlo, y ese detalle me detiene un instante más de lo esperado, porque verlo así cambia algo en mi percepción, lo vuelve más cercano, más humano, más real.Me muevo despacio, con cuidado de no despertarlo, aunque su respiración cambia apenas cuando me separo, como si registrara el movimiento incluso en ese estad
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