81. Apostar sin red.
El aire de la tarde cae pesado sobre la ciudad, con ese calor que no ahoga pero incomoda lo suficiente como para mantener la mente alerta, y camino junto a Adrián hacia el auto con los papeles apretados entre mis manos, sintiendo el peso real de lo que acabamos de decidir, porque esta vez no se trata de reaccionar a un problema sino de adelantarnos a él con una apuesta que puede sostenerlo todo o romperlo en partes que no voy a poder recomponer fácil.
No hablo de inmediato.
Subo.
Cierro la puer