92. Supongo que vos sos Adrián.
La puerta del salón se abre con una firmeza que corta el ritmo del lugar en un instante preciso, sin exageración, sin ruido innecesario, pero con la presencia suficiente para que cada mirada cercana se dirija hacia ese punto, y Silvia levanta la vista justo en ese momento, encontrándose con Adrián en el umbral, con el cuerpo tenso, la mandíbula marcada y los ojos clavados directamente en la escena que tiene delante, evaluando en una fracción de segundo la distancia entre ella y Santiago, la posición de cada uno, la forma en que están sentados, la carga que flota en el ambiente.El tiempo parece ajustarse a ese ingreso, como si todo lo anterior quedara en pausa mientras esa nueva variable se instala con un peso propio, y Silvia siente cómo el pulso le cambia, no por sorpresa, sino por la certeza de que ese encuentro iba a suceder tarde o temprano, aunque en su mente había imaginado un contexto distinto, más controlado, menos expuesto.Santiago se mantiene en su lugar, apoyado con comod
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