83. La línea que cambia todo.
La mañana llega con una claridad distinta, más limpia, como si el cuerpo hubiera decidido alinearse con lo que pasó la noche anterior, y abro los ojos con una sensación de calma que no reconocía desde hace tiempo, manteniéndome quieta unos segundos mientras registro el espacio, la luz entrando por la ventana, el silencio contenido de la casa que aún guarda restos de lo que fue y de lo que está a punto de dejar de ser.
Siento el peso leve del brazo de Adrián sobre mi cintura, firme pero relajado