Sin embargo, el pánico de la realidad la golpeó como un rayo. Recordó el contrato, las amenazas de Scarlett, el juego de poder de los Winchester y el hecho de que él seguía siendo un enigma peligroso.Antes de que sus labios se tocaran, Annie se separó de golpe, poniéndose de pie con torpeza. El movimiento fue tan súbito que casi tira la silla.—Yo... tengo que irme —balbuceó, incapaz de procesar el abismo que se abría ante ellos—. No sé cómo proceder con esto, Ian. Lo siento.Sin mirar atrás, huyó hacia la habitación de invitados, dejando a Ian solo en la terraza, con la mano aún suspendida en el aire, atrapado en el silencio de una noche que acababa de cambiarlo todo.El aire en la habitación de invitados se sentía viciado, cargado con la electricidad de lo que no llegó a ocurrir. Annie se sentó en el borde de la cama, rodeándose con sus propios brazos. El cuerpo le temblaba, no por miedo, sino por una extraña sensación de vacío, como si hubiera estado a punto de cruzar una frontera
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