El sonido del plástico golpeando el mármol fue casi imperceptible, pero para Ian, se escuchó como un disparo. Annie, con el corazón palpitándole en la garganta, se agachó rápidamente, ocultando con un movimiento fluido la cajita que tenía en la otra mano dentro del bolsillo de su bata.
Lo que había caído al suelo era simplemente una caja de una pomada medicada.
—Solo es una crema para el dolor de cabeza... —murmuró ella, con la voz apenas audible, mientras recogía el frasco con manos temblorosa