—Quiero decir que teníamos que mantener las apariencias del matrimonio. Es parte del trato —mintió Ian con una frialdad impecable, tragándose el veneno de los celos que aún le quemaba las venas—. No voy a permitir que algún paparazzi escondido tome una fotografía tuya coqueteando con un local y la envíe a la prensa para que inventen que nuestra luna de miel es un fraude. Mi familia usaría eso para destrozarnos. Solo estaba protegiendo nuestros intereses.
Las palabras cayeron sobre Annie como un