Sin embargo, el pánico de la realidad la golpeó como un rayo. Recordó el contrato, las amenazas de Scarlett, el juego de poder de los Winchester y el hecho de que él seguía siendo un enigma peligroso.
Antes de que sus labios se tocaran, Annie se separó de golpe, poniéndose de pie con torpeza. El movimiento fue tan súbito que casi tira la silla.
—Yo... tengo que irme —balbuceó, incapaz de procesar el abismo que se abría ante ellos—. No sé cómo proceder con esto, Ian. Lo siento.
Sin mirar atrás,