Annie estaba sentada en la pequeña mesa de hierro forjado de una cafetería al aire libre, disfrutando de un auténtico cappuccino. Llevaba un vestido veraniego de tirantes que resaltaba la suavidad de su piel y su cabello castaño caía suelto, moviéndose con el viento. Por un momento, se permitió cerrar los ojos y simplemente disfrutar de la paz que aquel rincón del mundo le ofrecía.
A unos cuantos metros de distancia, Ian se había apartado para atender una llamada urgente de la empresa. Tenía el