La tarde se deslizaba suavemente hacia la noche, y con ella, un profundo cansancio se apoderó de Cristina. Al regresar de la reunión con los socios, sentía el peso de la jornada en cada rincón de su cuerpo. Había sido un día duro, repleto de debates y decisiones complicadas que la habían dejado completamente agotada.Cuando llegó a su habitación, se quitó la ropa casi sin pensar y se puso su pijama de seda. Le gustaba cómo se sentía en la piel, como si por fin pudiera soltar el día.Se sentó al borde de la cama, permitiendo que sus pensamientos se alejaran de la reunión. Sin embargo, su mente no podía evitar volver a la situación de Miguel y Claudia. Se preguntaba, con inquietud, cómo habría terminado todo, si Miguel finalmente había conseguido poner fin a su relación con ella.Suspiró y se dejó caer hacia atrás, buscando un poco de tranquilidad entre las sábanas.Sin embargo, algo no estaba del todo bien. Un olor peculiar la envolvió; aunque las sábanas estaban limpias, había un per
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