Capítulo 28: Atrapada En Tus Cadenas Invisibles.
En cuanto se alejó, Helena se inclinó hacia ella.
—¿Hija… estás bien?
Cristina se tensó.
—Sí, mamá. Estoy bien.
Evitó mirarla; no sabía qué hacer. Una parte quería contarle sobre las discusiones recientes y la sospecha de infidelidad, pero otra salía a defenderlo. Su amor quería soportarlo todo, aun si sus sospechas fueran ciertas.
Se quedó jugando con el borde del vaso frío.
—Cristina, mírame —insistió Helena, suave pero firme.
La chica tardó en levantar la cabeza.
—¿Qué está pasando? —pregunt