La mañana siguiente, Cristina despertó tarde, envuelta entre las sábanas de seda, con el cuerpo aún tibio, como si la noche anterior no hubiese terminado del todo, sino que hubiera quedado suspendida, esperando su regreso a la conciencia.Permaneció inmóvil unos segundos, los ojos cerrados, respirando despacio. Y entonces, sin pedir permiso, los recuerdos regresaron. No como simples imágenes, sino como una presencia viva.Miguel.Sus manos recorriéndola con una intensidad capaz de estremecerla incluso ahora. Cada caricia parecía haberse quedado grabada sobre su piel, como un fuego silencioso que se negaba a extinguirse. Cristina sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo al recordarlo; su piel volvió a erizarse, como si aquellas manos continuaran deslizándose sobre ella, reclamándola desde la memoria con la misma fuerza de la noche anterior.Y luego, sus besosintensos y Tan marcados en sus labios que, casi sin darse cuenta, Cristina los rozó con la punta de los dedos.Un suspiro escap
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