Habían pasado apenas unos días desde que Miguel, valiéndose de engaños y manipulaciones, logró obtener la firma de Cristina para arrebatarle el control absoluto de la empresa. Aquella mañana, de manera imprevista, convocó a todos los directivos y jefes de área en la sala principal de juntas. La noticia del llamado urgente corrió por los pasillos con la rapidez de un incendio, sembrando una profunda incertidumbre entre el personal; nadie lograba descifrar el verdadero motivo de una reunión tan repentina.En el interior de la sala, los empleados intercambiaban miradas inquietas. Algunos murmuraban teorías en voz baja, mientras que otros preferían mantener un silencio cauteloso, con los ojos fijos en la puerta, esperando la aparición de Miguel.Cuando la puerta finalmente se abrió, Miguel entró luciendo un traje de corte impecable y una elegancia calculada. Llevaba una carpeta de cuero negro bajo el brazo y caminaba con una parsimonia ensayada. Se plantó en el centro del lugar, proyectan
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