Claudia se sentó al borde de la cama, cruzando sus largas piernas mientras una sensación de incertidumbre le oprimía el pecho. El silencio en la habitación era abrumador, y cada segundo, mientras esperaba una respuesta de Miguel, se sentía como una eternidad.
Miguel, con pasos lentos, caminó hacia la ventana. Se detuvo unos momentos, observando la zona residencial que se extendía frente a él. Luego de unos minutos, finalmente se giró hacia Claudia, con el rostro serio y la expresión cargada de