No encontré a Ciro.Después de escuchar aquella llamada, después de descubrir lo que planeaban hacerle a Nico, fui directamente al despacho.Vacío.Pregunté a uno de los hombres.—¿Dónde está Ciro?—Salió con Enzo hace un rato.Sentí cómo el estómago se me hundía.—¿Cuándo vuelve?El hombre se encogió de hombros.—No lo sé.No me gustó nada aquella respuesta. Realmente necesitaba verlo con urgencia.Esperé una hora. Luego otra. Y otra más.La noche cayó sobre la mansión. Ciro seguía sin regresar y yo me quedé esperándolo.Pasé la noche en vela. Sentada en la cama. Con la luz encendida. Cada ruido me sobresaltaba. Ciro no regresó. Las horas pasaron lentas, espesas, como si el reloj se hubiera detenido.Cuando amaneció, ya había tomado una decisión.Si Ciro no estaba allí, entonces tendría que proteger al niño yo misma.El sol empezó a asomar tras los muros de la fortaleza cuando vi a la empleada salir con Nico de la mano. El niño caminaba despacio, con su paso tranquilo, ajeno a todo.
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