No quería ir a esa gala de imprevisto.Ni un poco.Después de la carta anónima, la cruz ortodoxa y aquella maldita nota, lo único que quería era encerrarme en la habitación y fingir que el mundo afuera no existía.Pero claramente el universo había decidido que ya no podía hacer eso.—Tenemos que aparecer —dijo Ciro mientras terminaba de acomodarse los gemelos frente al espejo—. Si nos escondemos ahora, Iván Volkov entenderá que logró afectarnos.Permanecí sentada en el borde de la cama observándolo.—Tal vez sí lo logró.Ciro levantó la mirada hacia mí desde el reflejo.—No le des ese poder.Fácil decirlo cuando no eres tú quien recibe amenazas anónimas dentro de una casa llena de posibles enemigos.Suspiré lentamente y tomé el vestido que Lucía había elegido para mí aquella noche.Negro.Elegante.Con la espalda parcialmente descubierta y una caída suave que hacía que me sintiera demasiado distinta a la chica que alguna vez usó un hábito de novicia.Cuando terminé de arreglarme y sal
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