No podía dejar de pensar en el topo.
La idea seguía girando dentro de mi cabeza una y otra vez mientras permanecía sentada sobre la cama mirando distraídamente hacia la ventana.
Alguien dentro de esta casa nos estaba traicionando. Ciro lo sabía también pero no encontraba la manera de saber quién. Se escondía demasiado bien.
Y desde su perfecto camuflaje observaba cada movimiento.
Y lo peor era que ahora sabía que no se había detenido como pensaba. Simplemente estuvo quieto por unos días.
Susp