Don Tano no dijo nada más.
Después de aquel breve cambio de palabras, simplemente me sostuvo la mirada durante unos segundos eternos.
Como si intentara decidir si yo representaba un problema, o esperara a que yo confirmara lo que sabía. Pero ninguno de los dos iba a dar el primer paso en público. No todavía.
Después se marchó.
Sin amenazas. Sin explicaciones. Ni una sola palabra adicional.
Pero eso me inquietó incluso más, porque significaba que era inteligente. Lo bastante inteligente para sab