Las palabras de Caricia cayeron sobre todos como una condena."No piensa dejar testigos vivos."El salón quedó sumido en un silencio mortal.Incluso los periodistas que aún permanecían cerca dejaron de murmurar.Porque, por primera vez, aquello ya no parecía una guerra empresarial.Parecía una guerra de sangre.Emilio sostuvo la mirada temblorosa de Caricia durante varios segundos. Estaba acostumbrado a detectar mentiras, manipulación y actuaciones desesperadas. Pero lo que veía ahora en los ojos de la hija de Adrián Villarreal no era estrategia.Era terror genuino.—¿Qué más sabes? —preguntó Emilio con frialdad.Caricia respiró agitadamente antes de responder.—Cuando era niña escuché una discusión entre mi padre y uno de sus hombres. Hablaban de los túneles como “la salida de emergencia del imperio”. Mi padre decía que ningún Villarreal volvería a humillarlo jamás… que si algún día todo se derrumbaba, prefería quemarlo todo antes que perder.Esmeralda sintió un escalofrío.Porque aq
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