Las palabras de Caricia cayeron sobre todos como una condena.
"No piensa dejar testigos vivos."
El salón quedó sumido en un silencio mortal.
Incluso los periodistas que aún permanecían cerca dejaron de murmurar.
Porque, por primera vez, aquello ya no parecía una guerra empresarial.
Parecía una guerra de sangre.
Emilio sostuvo la mirada temblorosa de Caricia durante varios segundos. Estaba acostumbrado a detectar mentiras, manipulación y actuaciones desesperadas. Pero lo que veía ahora en los oj