El salón principal de la mansión Villarreal se había convertido en un campo de guerra.
Cristales rotos.
Disparos.
Gritos.
El olor a pólvora comenzaba a mezclarse con el perfume elegante del lugar, creando una escena tan caótica como aterradora.
Esmeralda permanecía agachada detrás de Emilio mientras los escoltas respondían al ataque desde las ventanas destrozadas. El estruendo de las balas hacía temblar las paredes.
Pero Emilio no apartaba la mirada del teléfono.
De la fotografía.
De Adrián Vil