La mansión Villarreal seguía sumida en el caos.
Periodistas empujándose entre sí. Empresarios abandonando discretamente el funeral para evitar verse relacionados con Adrián. Agentes de la fiscalía revisando documentos preliminares en una esquina del salón.
Y en medio de todo…
El ataúd de Don Maximiliano seguía allí.
Silencioso.
Como si incluso muerto continuara observando cómo la guerra que predijo finalmente consumía a su familia.
Esmeralda permanecía junto a Emilio, sintiendo todavía el peso