El ambiente dentro de la mansión Villarreal se volvió asfixiante.
La palabra emboscada cayó sobre todos como una sentencia de muerte.
Esmeralda sintió cómo el miedo comenzaba a mezclarse con algo mucho más oscuro: una certeza aterradora.
Su tío no estaba escapando.
Estaba dispuesto a destruirlo todo.
—¿Cuántos hombres? —preguntó Emilio con una calma escalofriante.
El escolta respiraba con dificultad, todavía manchado de sangre.
—Al menos seis… todos armados. Usaron camionetas sin placas y bloqu