El golpe contra la pared resonó seco en el pasillo estrecho.Esmeralda apenas podía mantenerse consciente. La droga le nublaba la vista, deformando las luces rojas de emergencia en manchas borrosas que giraban frente a sus ojos. Sentía el cuerpo pesado, torpe, como si ya no le perteneciera. El corazón le latía rápido, desesperado, mientras intentaba comprender por qué todo se sentía tan mal.Ricardo la tenía atrapada entre su cuerpo y la pared fría.Su respiración olía a alcohol fuerte.A rabia.A algo oscuro.—No soy Emilio… —gruñó cerca de su boca, sujetándole el rostro con brusquedad—. Deja de decir su nombre.Esmeralda negó débilmente, intentando apartarse. Sus manos apenas tenían fuerza. La tela negra de su vestido estaba rasgada a la altura del muslo y uno de los tirantes había caído sobre su hombro, dejando parte de su piel expuesta. Ella trataba de cubrirse instintivamente, confundida, vulnerable, sintiendo una alarma interna que no lograba traducir del todo.—Suéltame… —susur
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