Elena caminaba a paso lento, sosteniendo una canasta de frutas entre sus brazos. Su rostro lucía más radiante que de costumbre; desde luego, se debía a que estaba de muy buen humor.Despacio, abrió la puerta de la habitación de Aria. Hacía ya un tiempo que no la visitaba. A decir verdad, Elena la extrañaba. Siempre le preguntaba a Anne por su estado de salud, y se sentía profundamente agradecida porque, según le decía Anne, Aria mejoraba paulatinamente.—¡Buenos días! —saludó a los padres de Aria.—Buenos días, Elena —respondió Anne con una leve sonrisa. Andrew solo atinó a reaccionar parpadeando un par de veces.La mujer, que lucía un elegante vestido, colocó la canasta de frutas sobre la mesa. Luego se aproximó a Aria, quien seguía con los ojos firmemente cerrados. La mirada radiante de Elena se tornó sombría de golpe. Por más que intentara contenerse, ver el estado de Aria cara a cara la hacía flaquear.—Hola, Aria. Lamento no haber podido venir antes —dijo Elena mientras le acomod
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