Elena pensó que, tras la partida de los dos policías, ya no recibiría más visitas. Pero se equivocaba. Mientras conversaba con Sam, Aria y Hans, la puerta se abrió repentinamente para dar paso a alguien más.Se trataba de un hombre de complexión robusta y que probablemente no les llevaba muchos años de diferencia. Elena frunció el ceño, confundida. En un principio creyó que era un amigo de Hans, pero esa idea se esfumó en cuanto el desconocido caminó directamente hacia ella.—¿Elena Delwes? —preguntó el hombre, tras hacer una breve inclinación de cabeza hacia Sam, Hans y Aria a modo de saludo.—Sí —respondió Elena.—Permíteme presentarme, soy Michael —dijo él, extendiendo la mano. Elena, de manera mecánica y sin sospechar nada, aceptó el saludo. Sin embargo, las siguientes palabras del hombre hicieron que su mundo se detuviera por completo. Como si el problema con Jayden no fuera suficiente, ¿por qué tenía que surgir otra complicación de la nada? El destino parecía estar burlándose de
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