20. Hacer contactos.
Él la miró, pero ya no había fuego en sus ojos, solo una frialdad técnica que le dolió más que un golpe. Se limpió el labio inferior con el pulgar, observándola como si fuera un experimento fallido. —¿Ves lo fácil que es, Kateryn? —Su voz era un hilo de seda afilada—. Un par de copas de más, un hombre que sepa exactamente dónde tocarte, y tu profesionalismo se cae como papel mojado. Kateryn lo miró horrorizada, dándose cuenta de que él había usado ese momento de vulnerabilidad para humillarla. —Cualquier hombre en ese bar podría haber obtenido esa misma respuesta de ti, incluido Marcos —continuó él, recuperando su compostura mientras se ajustaba el reloj de pulsera—. Mañana tienes una gala que atender. Asegúrate de estar sobria, porque no pienso tolerar ningún error por tu falta de control. Cuando la puerta se cerró tras Sebastián, Kateryn se dejó caer sobre la cama, sintiendo que el mundo seguía girando a una velocidad insoportable. Se tocó los labios, que aún ardían y palpit
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