20. Hacer contactos.
Él la miró, pero ya no había fuego en sus ojos, solo una frialdad técnica que le dolió más que un golpe. Se limpió el labio inferior con el pulgar, observándola como si fuera un experimento fallido.
—¿Ves lo fácil que es, Kateryn? —Su voz era un hilo de seda afilada—. Un par de copas de más, un hombre que sepa exactamente dónde tocarte, y tu profesionalismo se cae como papel mojado.
Kateryn lo miró horrorizada, dándose cuenta de que él había usado ese momento de vulnerabilidad para humillar