La triple corona.
Sebastián dio un paso adelante hasta sentir el aroma embriagador de Kateryn. Cerró los ojos un segundo, permitiéndose recordar aquellas noches de intimidad donde ese mismo perfume era su única motivación.
Al abrirlos, sus pupilas eran tormentas cargadas de una decepción que quemaba, recorriéndola con un desprecio que apenas ocultaba su propia agonía.
—No creo lo peor de ti, Kateryn —respondió él con voz ronca, provocándole un ligero escalofrío al sentir su presencia justo detrás de ella—. So