16. Una buena noticia.
Siete días pueden ser una eternidad cuando se vive bajo el peso de un corazón fracturado.
Había pasado una semana desde la confesión de Sebastián. Desde entonces, la comunicación entre ellos se había reducido a órdenes y miradas cargadas de una electricidad que ambos evitaban sostener.
Sin embargo, cada mañana, al llegar a su pequeño escritorio, Kateryn encontraba un refrigerio: fruta fresca, un café humeante o un sándwich aún caliente.
—Sara se está luciendo —murmuraba ella para sí misma