Alejandro se acercaba sin detenerse, tenía miedo de que un intruso se hubiera metido a robar o hacerle daño a su esposa. Jamás se le cruzó por la mente que al igual que él, ella tenía un amante que la trataba como una reina.—Cariño, ¡ah mi estómago!Ella fingió un dolor de estómago, casi se dobló hasta el suelo simulando que era algo repentino e insoportable. Le pidió que la llevara al médico, él la levantó en brazos y la llevó al auto.Su estrategia había funcionado a la perfección, el tío de su esposo que había estado a punto de ser descubierto cuando un florero cayó al suelo accidentalmente aprovechó a escapar de la oficina.Cuando vio que su amante subió al auto, ella le dijo a Alejandro que ya el dolor había pasado y que no era necesario ir al médico. Él la reprendió pero ella dijo que no era nadie en su vida para hacerle caso.Las esperanzas que por un momento aparecieron en su corazón se esfumaron cuando ella volvió a actuar de forma seca, demostrándole que no lo necesita a su
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