El número diez fue un cliente.La primera vez que dejé que la línea profesional se desdibujara hasta volverse personal.Su nombre era Alberto.En mi trabajo, los clientes eran un ecosistema variado: empresarios, artistas, extranjeros con maletas llenas de planes. Me encantaba ese dinamismo; cada uno me enseñaba algo nuevo.Pero cuando Alberto entró a la oficina junto a su hermano, el aire se volvió más denso.No fue una suposición: nuestras miradas se anclaron y el corazón me dio un vuelco que no sentía hace años. Mariposas reales, de esas que te quitan el hambre y te ponen alerta.—Quiero que ella lleve este negocio —dijo él, señalándome.Lo supe en ese instante.No era solo trabajo.Había una urgencia en sus ojos que nada tenía que ver con las facturas.La reunión duró dos horas eternas. Intercambié el contacto con su hermano —el serio, el que realmente manejaba el negocio familiar—, pero esa noche, mi teléfono vibró con un número desconocido.Era él.—Al fin me dio tu tarjeta —dijo
Ler mais