Llegué a Ciudad de Guatemala buscando aire, y me encontré con la Zona 10. Edificios de cristal que desafían al cielo, centros comerciales inmensos y un ritmo que nunca se detiene. La empresa me instaló en un hotel elegante; podía ir caminando a la oficina, rodeada de jacarandás y un aire de modernidad que me hacía sentir, por fin, una mujer de mundo.
Mi refugio diario era la terraza del hotel. Cada noche, después del trabajo, me sentaba frente a la piscina con una cerveza fría, viendo las luces