Alana—Christopher. Un placer, señora Vega —pronuncia. Da un paso al frente, se inclina levemente y le extiende la mano con cortesía, dedicándole una sonrisa respetuosa.Mamá se le queda viendo un momento. Sus ojos viajan de la mano extendida de Christopher a su rostro, analizándolo de arriba abajo, para luego lanzarme una mirada interrogante a mí. Finalmente, estrecha su mano con firmeza.—El placer es mío, Christopher —responde ella, sin quitarle los ojos de encima—. Vaya... me sorprende que hables español. Y lo hablas bastante bien.Me guardo una sonrisa de alivio, mirando de reojo a mi esposo. Él me devuelve la mirada un segundo y me guiña un ojo de forma casi imperceptible, logrando que el corazón me dé un vuelco. Agradezco internamente que se haya presentado solo por su nombre; la verdad es que todavía no estaba lista para soltarle a mi madre un: "Hola, mami, por cierto, este hombre es mi esposo". Aunque lo que sentimos el uno por el otro sea el sentimiento más real del mundo,
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