Alana
Sin decir una sola palabra, mi madre se levanta de la silla y camina con paso lento hacia su habitación. El sonido seco de la puerta al cerrarse retumba en la sala como un mazo golpeando un tribunal.
Me quedo allí, helada, con la mirada fija en el pasillo. Christopher me observa desde arriba con preocupación. Despacio, muy despacio, me levanto del suelo, sintiendo que el peso del mundo entero descansara sobre mis hombros.
—¿Y ahora qué?
Tomo una respiración profunda, tratando de frenar e