Alana
—¿Qué...? —es lo único que logra salir de mi boca, en un hilo de voz.
Mi madre me sostiene el brazo un segundo más antes de soltarme. Sus ojos, aún húmedos por las lágrimas, me miran con una mezcla dolorosa de firmeza y vulnerabilidad.
—Yo no he dicho que no vaya a hacerlo, Alana. Solamente te estoy diciendo que estoy profundamente decepcionada de ti.
Las palabras se me clavan directamente en el pecho, más afiladas que cualquier reproche o grito. Trago saliva, sintiendo que el suelo bajo