Alana
—¡Alana, basta! No puedes tomarte todas esas pastillas. ¿Te quieres matar o qué te pasa?
Mi madre me sostiene la mano con firmeza, quitándome la pequeña caja de comprimidos antes de que logre sacar uno solo.
Inhalo hondo, recostando la cabeza contra el respaldo del asiento de cuero. Dios mío. Si no me muero hoy por mi maldito miedo a los aviones, voy a morir de un colapso nervioso por culpa de mi propia madre.
Sí, genial. Ya tengo a mi mamá conmigo. Técnicamente estamos a salvo. Estamos e