Perspectiva: AlexandraEl salón privado del restaurante Le Bernardin estaba insonorizado. Una característica que, en retrospectiva, fue una bendición, porque el sonido de la copa de cristal estallando en la mano de Caleb habría alertado a toda la clientela de Manhattan.Sobre el mantel de lino blanco descansaba una carpeta de cuero negro. Dentro, estaba el contrato. La fusión mediática y de relaciones públicas más grande de la década. Valerian Frost nos estaba entregando, en bandeja de plata, el control de la imagen de todo su imperio europeo. Era la llave que convertiría a Rivera PR y a Navarro Holdings en entidades globales intocables.Pero en el mundo de los depredadores, nada es gratis.Valerian estaba sentado frente a nosotros. Llevaba un traje de terciopelo burdeos, sin corbata, luciendo tan relajado como si estuviera tomando el té en su finca. Su mirada, sin embargo, no estaba en el contrato. Estaba fija en mí.—Las cláusulas financieras están a su favor, Caleb —dijo Valerian,
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