Perspectiva: Alexandra
El penthouse de Valerian Frost no era una casa, era un observatorio. Situado en la cima de un edificio emblemático con paredes de cristal que daban a toda la ciudad, el espacio estaba diseñado para que quien estuviera dentro se sintiera el dueño del mundo. Pero esa noche, para mí, se sentía como un escenario de teatro donde el público era un solo hombre sentado en las sombras.
Caleb estaba en un sillón de terciopelo oscuro, en una esquina del salón, con una copa de coñac